La buena imagen para el ministerio


Por Antonio Delgado el 9 de noviembre de 2003 - 1:23 pm

Según publica elsemanaldigital.com, el ministro de Ciencia y Tecnología, Juan Costa, ha contratados los servicios Vicente Dalda, un experto en comunicación e imagen, para mejorar la imagen del ministro y el ministerio a escasos meses de las elecciones generales.

En un artículo escrito hace un año
, Vicente Dalda analizaba las implicaciones del dopping del esquiador español Johann Muehleg en la imagen de la marca “España” en el panorama internacional.
bq. (..) La promoción, la publicidad y el patrocinio son las herramientas básicas que la empresa privada utiliza para vender mejor, alcanzar notoriedad y prestigiar a las marcas. Estas estrategias de comunicación deben ser también aplicadas por los Estados como vehículos rentables para la promoción internacional. Sin embargo, esta labor no se improvisa, sino que debe ser entendida como una oportunidad estratégica para asociar a nuestra marca connotaciones positivas. Una mala elección o un incorrecto análisis de mercado puede condenar a la marca al fracaso.

3 comentarios
  1. Pran

    Me parece vergonzoso que se capitalice hasta la proyección internacional de los estados democráticos. España es simplemente un país, y su gabinete de gobierno no es en ningún caso responsable de la actuación indebida de un deportista de élite, y la capacidad económica española de cara al exterior no debería descender por culpa de semejante estupidez.

  2. J from BCN

    Marketing, promoción, publicidad, patrocinio, …, todos estos términos entiendo que son un medio, es decir, un conjunto de herramientas para facilitar el llegar a un fin/objetivo.
    Ahora resulta que éstas se han convertido en un fin en sí mismo, y sólo se hace que vender humo y más humo: la imagen por la imagen.
    Creo q a todos estos sres. (i.e.: Juan Costa) les hace mucha falta “currar más, y menos venderse a sí mismo(s)”. Es más sencillo, y a la vez productivo.
    Es sólo una opinión. Saludos !! 🙂

  3. juan carlos

    En vez de gastarse el dinero de los impuestos en lo que deberían, en la finalidad para la que fue creado el ministerio (este o cualquier otro), se lo gastan en campañas estúpidas, como si todos los demás fueramos imbéciles incapaces de discernir si funcionan o no, si cumplen los fines que tienen encomendados o no. Cada vez que oigo algo referente a una campaña para mejorar la imagen de algo o “trasladar a los ciudadanos la idea” de que algo funciona bien, me subo por las paredes.

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