La singularidad tecnológica de las empresas de medios tradicionales


Por Antonio Delgado el 23 de octubre de 2008 - 12:49 am

Cada vez que pienso en el futuro, me acuerdo de una cita de Jesús Encinar sobre que tendemos a pensar en el futuro, como un “presente con esteroides”. Un futuro lineal, que mejora lo que ya existe, pero donde los procesos disruptivos no son predecibles.
Este es un mal que que circula por las venas de los directivos de las empresas de medios y publicidad. Tiene su ejemplo mas visual en la película de 2002 “Minority Report”. En dicha película, los formatos de publicidad que aparecen fueron planteados por los ejecutivos de la industria actual, soñando como les gustaría que fuera el futuro de su sector, añadiéndoles esteroides al presente.
Lo que no se imaginan es que caminamos hacia un mundo donde la singularidad tecnológica nos deparará un futuro cada vez menos predecible.
Las empresas de medios, ven como la tecnología les está obligando a cambiar de modelo de negocio y de estructura empresarial, pero ellos han mirado a la tecnología como el que va montado en el tren de la escoba. Se agarran a cualquier cosa que parezca la salvación de su negocio. Sin ir más lejos, ahora han descubierto Twitter, ya veréis cuando vean esta gráfica.
El antepenúltimo palo al que se han agarrado es la tinta electrónica, una tecnología que poco a poco se va extendiendo dentro del segmento de los libros electrónicos y que los editores ven con buenos ojos como plataforma para seguir publicando periódicos cada día. Un soporte que pueden construir a su imagen y semejanza, aplicándole todo tipo de limitaciones, DRMs e imposiciones tecnológicas para preservar el modelo de negocio actual.
Para mostrar este futuro inmediato “de película” con la tinta lectrónica, la revista norteamericana Esquire insertó, en el número dedicado a celebrar su 75º cumpleaños, un banner animado. Un estreno que ha decepcionado a los lectores por las limitaciones de este neón de papel.
Este agarrarse a la distribución física, lo padecen las industrias de medios y las discográficas. Ambas industrias tiene el mismo problema. Su negocio tradicional se ha venido abajo mientras que el negocio digital no suple actualmente la falta de ingresos por esta caída. No sirven las mismas estructuras y márgenes empresariales que han mantenido hasta ahora. No salen las cuentas.
Se han cargado la industria periodística por mirar para otro lado y ahora que las crisis les golpea de frente lo único que saben hacer es echarles las culpas a Internet. Sin ir más lejos, el consejero delegado de Unidad Editorial, Antonio Fernández-Galiano, ha declarado esta mañana, en el Foro de la Nueva Comunicación, sobre la facilidad de publicar en Internet:

“No puede ser lo mismo”, afirmó, “una redacción con medios y cientos de profesionales, con corresponsales en todo el mundo y que publica sus noticias con el respaldo de una marca capaz de soportar esta estructura, que otras que tan pronto nacen como mueren, en las que no consta la cualificación de sus profesionales y que no tienen medios para hacer coberturas dignas. No puede ser lo mismo, pero, sin embargo, existe la terrible amenaza de que pueda serlo”.

El lugar donde la prensa tiene más posibilidades de crear un futuro interesante es en Internet, pero la realidad es que estos mismos medios han sido incapaces de crecer de forma sostenida en Red. Ningún medio ha destacado estos diez últimos años en innovación en comunicación. ¿Lo serán en los próximos diez años?

Un comentario
  1. Gonzalo Martín

    Es maravilloso comprobar cómo se refugian en la democracia a quienes no les salen las cuentas. Y quienes no encuentran la forma de que se mantengan sus crecimientos de ingresos y su volumen de ventas. Parece que la realidad impone el que la verdadera democratización de los medios que provoca la red es que los hace negocios modestos al alcance de muchos y descompone los grandes: todos estos ejecutivos no pueden mantener sus sueldos ni sus EBITDAS en entorno digital. Busquemos un salvador y ese salvador es la superioridad moral. Es lo mismo que aquello de que la patria es el último refugio de los canallas. Cuando oigo a un político decir que hace las cosas por su país, siempre sospecho que está pillado con el carrito del helao. Cuando un consejero delegado o un ilustre director de periódico apela a su papel institucional elevado sobre el mundo mortal, entiendo que está pringado de helado por todas partes.

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