Wikileaks filtra a los medios sus propias hemerotecas


Por Antonio Delgado el 6 de diciembre de 2010 - 5:37 pm

No creo que Wikileaks vaya a cambiar la forma de hacer diplomacia en el mundo. Al contrario, volverá aún más oscuro la forma de transmitir información confidencial. Sin embargo, si creo que el #cablegate va a traer otros efectos colaterales para la sociedad y los medios.

Si analizamos detenidamente los cables veremos que una gran parte de los telegramas son utilizados a modo de recortes de prensa. Es decir, están dedicado a analizar, segmentar y poner en contexto información aparecida en medios, pero que convenientemente procesada, permitirá obtener una imagen más detallada de una situación para ser explicada a un alto cargo gubernamental que no está al tanto de una situación.

El resto de la información que acompaña a estos resúmenes de prensa son confidencias de reuniones secretas u oficiales con personas con peso económico, político, institucional o social en un país, producidas antes o después de esas revelaciones públicas. Por ejemplo, en un encuentro público sectorial, un cable estaría dedicado a contar lo que públicamente dijo el personaje delante del aforo… pero también lo que ocurrió después en el encuentro privado con el representante de la embajada. Todo aderezado con opiniones personales del representante.

Wikileaks ha filtrado 250.000 cables a cinco medios internacionales, entre ellos, a El País, que han dedicado recursos humanos y técnicos a procesar la información. Según El País, hasta 30 periodistas, junto con técnicos y programadores, forman parte de un equipo destinado a analizar los cables, y sobre estos, reconstruir las historias.

¿Qué pasará cuando se terminen de extraer historias, que estos medios consideran como dignas de ser publicadas? Seguramente este equipo se desmontará y volverán a sus tareas habituales. Es decir, a intentar conseguir una filtración interesada de un grupo de poder, un chascarrillo con un político de turno, bastante de periodismo de declaraciones. Y aún peor, a la nota de prensa. A la mirada corta.

Pero algo está cambiado. Los medios, visto el tirón mediático del #cablegate, han comprendido que el periodismo de investigación es algo que los lectores están pidiendo. Por tanto, es necesario seguir reforzando las redacciones periodísticas con capacidad técnica para recopilar, analizar, jugar con los datos y las visualizaciones, aunque sobre todo es esencial contar con profesionales con criterio y mucha memoria.

No hace falta que Wikileaks te filtre 250.0000 cables para seguir haciendo periodismo de investigación basado en la selección de datos, ya que muchos de los datos que cuentan esos cables ya son públicos. Y forman parte de la hemeroteca de esos mismos medios y de la información pública generada por los Gobiernos. Es el momento de apostar por el periodismo de datos.

Sin embargo, actualmente cuando un ciudadano o un medio se acerca a una institución o administración pública a pedir una información, el silencio administrativo es lo único que van a recibir. Esto es una anomalía que sucede en España, ya que no tiene normalizado su legislación a una directiva de la Unión Europea sobre este asunto.

En España, tenemos en un cajón la ley de Transparencia Pública que facilitará a los ciudadanos el acceso a cualquier información oficial que no esté sujeta a restricciones, como razones de Estado o protección de la intimidad, cuyo descafeinado borrador -vaya paradoja- se filtró a un periódico. Si de verdad queremos hacer periodismo de datos, es necesario tener acceso a las fuentes. Por eso es fundamental que exista acceso a la información gubernamental en España de forma abierta y libre. Tener acceso a toda esa información supone disponer de una gran cantidad de datos que permiten dar una visión más completa del mundo actual, poner en contexto el periodismo de declaraciones y contar a los ciudadanos lo que está ocurriendo.

Si te interesa este tema, te recomiendo que te pases por la plataforma Coalición Pro Acceso, que agrupa a 29 entidades y grupos defensores del derecho a la información.

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